La Fe y la Resiliencia
Hoy quiero hablarles de algo que está en el centro de todo lo que soy: La Fe.
Hoy vamos a explorar cómo la fe no solo nos sostiene, sino que nos impulsa a esperar con esperanza y resiliencia, incluso en los momentos en que no vemos el resultado inmediato.
También quiero compartirles una historia muy personal sobre cómo la fe me ayudó a encontrar a mi esposo, y cómo esa experiencia cambió mi perspectiva sobre el poder de confiar y declarar.
La fe como un estilo de vida
Cuando hablamos de fe, muchas veces la pensamos como algo abstracto, una creencia en lo que no vemos. Pero la fe es mucho más que eso. La fe es acción, es decidir todos los días creer que lo que está por venir es bueno, incluso cuando las circunstancias nos dicen lo contrario.
La fe no es solo para los grandes momentos de la vida; también es para lo cotidiano. Es esa fuerza que te lleva a levantarte cada mañana, a creer que sos capaz de superar los desafíos del día, a confiar en que hay un propósito detrás de cada prueba. Ahora, esto no significa que sea fácil. La fe requiere paciencia y, sobre todo, resiliencia en la espera. Porque esperar, cuando no vemos nada claro, es un acto de confianza absoluta. Y ahí es donde quiero conectar mi experiencia con vos.
Una lista guiada por la fe
Voy a llevarte unos años atrás, a un momento en mi vida donde estaba aprendiendo a confiar en Dios de una manera muy práctica. Había pasado por muchas experiencias difíciles, abusos, desilusiones, falta de sentido de la vida, abandono, incluyendo la separación de mis padres y un periodo de búsqueda personal muy profundo. En ese tiempo, soñaba con encontrar a alguien con quien compartir mi vida, pero no quería que fuera cualquier persona.
Fue entonces cuando llegó a mis manos un libro que marcó un antes y un después: «La Cuarta Dimensión» de Yonggi Cho. Este libro me enseñó algo que transformó mi manera de orar y esperar: ser específica en mis pedidos y declarar con fe.
Tomé un cuaderno y escribí una lista muy detallada sobre cómo quería que fuera mi esposo, pero no me limité a lo físico. Dividí la lista en tres partes: cuerpo, alma y espíritu.
- En el cuerpo, anoté detalles físicos que me gustaban, como su altura, su forma de caminar o incluso su sonrisa.
- En el alma, escribí sobre su carácter, cómo quería que fuera su manera de tratarme, su sentido del humor, su paciencia.
- Y en el espíritu, pedí un hombre que amara a Dios por encima de todo, que tuviera fe y que compartiera mis valores.
Cada día, leía esa lista y la declaraba en oración. No desde un lugar de ansiedad o repetición, sino desde la certeza de que, en el tiempo perfecto, lo que estaba pidiendo llegaría.Y así fue, un día él apareció en mi vida. Cuando lo conocí y comencé a descubrir quién era, me di cuenta de algo impresionante: todo lo que había pedido en esa lista, estaba frente a mí. Desde su sonrisa, hasta su corazón, la altura, el cuidado hacia mi, solo le faltaba un detalle que para mi era fundamental y era que amara a Dios por sobre todas las cosas , pero eso sera para otra historia, ahora lo demás, cada detalle había sido escuchado.
La resiliencia en la espera
¿Por qué te cuento esto? Porque sé que esperar puede ser difícil. Cuando no vemos resultados inmediatos, es fácil desanimarse o empezar a dudar. Pero quiero animarte a que uses ese tiempo de espera para prepararte. La resiliencia no es solo aguantar; es crecer, es cambiar, es fortalecerse mientras esperamos.
Si estás esperando algo en tu vida, sea lo que sea, quiero recordarte esto:
Dios escucha, pero también trabaja en nuestro carácter mientras esperamos. La espera es un proceso que nos moldea, nos enseña paciencia, nos fortalece la fe.
Hay algo muy importante que aprendí en ese proceso, y quiero compartirlo con vos: el poder del lenguaje y las declaraciones.
Cuando declarás algo con fe, no es magia, es una acción que pone en movimiento tu mente, tu corazón y tu espíritu en la misma dirección.
No tengas miedo de ser específica en tus oraciones y tus declaraciones. Pedí con confianza, pero también preparate para recibir. Porque la fe sin acción es como un sueño sin alas.
Hoy, quiero invitarte a que hagas tu propia lista. Puede ser sobre el sueño que tengas, una relación, un proyecto, o simplemente la vida que querés construir. No importa lo que sea, ponelo en palabras, declaralo con fe y confía en que, en el momento perfecto, llegará.
La fe no es solo para los domingos o los momentos difíciles. Es una forma de vivir, de respirar, de mirar el mundo con esperanza. Te animo a que abraces la fe en tu vida diaria, a que confíes en los tiempos de espera y a que recuerdes que lo mejor está por venir. Espero que mi historia te inspire a mirar la espera desde un lugar diferente, más lleno de confianza y esperanza.
Y recordá:» La fe no solo mueve montañas, también transforma corazones.«
Bendiciones
Autor: Melisa Lucero





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