Hoy quiero hablarles de un tema que me apasiona profundamente: la crianza consciente.

Si sos mamá, estás pensando en serlo, o simplemente tenes niños en tu entorno, esto es para vos. Porque criar no es solo educar o estar, es construir, nutrir, acompañar y también aprender. Hoy vamos a explorar qué es la crianza consciente, por qué es tan importante trabajar en ella antes y después de ser madres, y qué la diferencia de la crianza tradicional.

¿Qué es la crianza consciente?

Primero, quiero que imagines por un momento que sos un jardinero. Tenes una semilla en tus manos. No puedes obligarla a crecer ni decirle qué tipo de flor o árbol debe ser. Solo puedes nutrirla, regarla y darle el entorno adecuado para que despliegue su potencial. Así es la crianza consciente.

La crianza consciente es un enfoque que pone la mirada en conectar con las necesidades emocionales, físicas y espirituales de nuestros hijos desde una perspectiva de respeto, empatía y amor. Pero también, y esto es clave, implica trabajar en nosotras mismas como madres y como personas.

No se trata de buscar ser mamás perfectas, sino mamás presentes, dispuestas a reflexionar sobre nuestras propias emociones, patrones y formas de educar.

En mi caso, la crianza consciente comenzó antes de convertirme en mamá. Me di cuenta que, si quería criar a una niña segura, emocionalmente sana y con una base sólida, primero tenía que mirarme al espejo y trabajar en mis propios miedos, inseguridades y creencias y ademas soltar la infancia que traía.

La diferencia entre crianza consciente y crianza tradicional

Seguramente te preguntas: «Pero, Melisa, ¿qué tiene de diferente este enfoque, frente a la crianza que hemos conocido toda la vida?»

La crianza tradicional, con las mejores intenciones, suele estar basada en normas rígidas, castigos y un énfasis en la obediencia. A menudo, nos enseña a reaccionar desde la inercia, reproduciendo patrones que aprendimos de nuestras propias familias, sin cuestionarlos, osea repitiendo lo que aprendí.

Por ejemplo:

  • En la crianza tradicional, un mal llamado berrinche puede ser visto como algo que hay que cortar de inmediato, a veces con gritos o castigos.
  • En la crianza consciente, entendemos que el «berrinche» es una forma de comunicación, una emocion que aun no sabe expresar con claridad, palabras que no sabe como explicar o decir. Nos preguntamos: «¿Qué necesita mi hijo en este momento? ¿Cómo puedo enseñarle a gestionar esta emoción sin limitarlo?»

«La gran diferencia es que la crianza consciente no busca imponer, sino acompañar. No busca controlar, sino conectar.»

La importancia de trabajar en nosotras mismas antes de ser madres

La maternidad es un espejo enorme que nos muestra todo aquello que quizás no hemos sanado: nuestras propias heridas de la infancia, nuestras inseguridades, nuestras creencias limitantes. Por eso, cuanto más trabajemos en nosotras mismas antes de ser madres, más herramientas tendremos para criar desde un lugar de amor y no de reacción.

Esto puede significar:

  • Reflexionar sobre cómo nos relacionamos con nuestras emociones.
  • Identificar patrones que queremos cambiar o no repetir.
  • Aprender a comunicarnos de manera más efectiva y amorosa.

Y si ya sos mamá, y esto te resuena no te preocupes. Nunca es tarde para comenzar. La crianza consciente es un camino, no un destino. Cada día podemos elegir hacerlo mejor, aprender algo nuevo y re conectar con nuestros hijos de una manera más profunda.

¿Cómo aplicamos la crianza consciente?

Aplicar la crianza consciente no significa que todo será fácil o perfecto, pero sí requiere:

  1. Observarnos a nosotras mismas. Antes de reaccionar, pregúntate: ¿Por qué estoy reaccionando así? ¿Qué emoción está saliendo de mí?
  2. Conectar con nuestro hijo. Esto significa ponernos a su nivel para poder entenderlo, tanto físicamente a su altura, como emocionalmente, y validar lo que sienten.
  3. Establecer límites con amor. La crianza consciente no es permisiva. Podemos decir «no» desde el respeto, explicando el porqué y ofreciendo alternativas.
  4. Ser ejemplo. Nuestros hijos aprenden más de lo que hacemos que de lo que decimos. Si queremos enseñarles a gestionar sus emociones, primero debemos aprender a gestionar las nuestras.

Hoy quiero que te lleves esta idea: la crianza consciente no solo transforma la vida de nuestros hijos, también transforma la nuestra. Nos invita a ser más pacientes, más presentes y más humanas y que el amor sea perfeccionado en nosotras.

Si estás en este camino, quiero felicitarte. Y si aún no has comenzado, te animo a dar el primer paso, aunque sea pequeño. Como siempre digo, criar desde la conciencia no se trata de ser perfectas, se trata de ser valientes.

Bendiciones.

Autor: Melisa Lucero

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